divendres, 5 de juliol de 2013

Entrevista a El blog integral

En Gunther Emde al seu bloc El blog integral, m'ha donat l'oportunitat de parlar del meu procés terapèutic i dels meus fills i de com es relacionen l'un amb els altres. Ha quedat una entrevista ben bonica:

http://www.elblogintegral.com/2013/07/el-blog-integral-entrevista-isabel.html

Gràcies Gunther!



"Soy licenciada en Anglogermánicas. Trabajo de profesora de inglés en un instituto de secundaria. Me estoy formando como Terapeuta de Integración Psico-corporal. Asisto a terapia también con una terapeuta de esa escuela. Me gusta escribir sobre mis reflexiones y experiencias, y compartirlas con los demás. También me gusta el Reiki, y por supuesto estar disponible y asequible para mis dos hijos"

"Me fascina ir poniendo cada vez más consciencia y entendiéndome más a mi, a los demás, y a como funciona el mundo en general. No me gusta quedarme en la superficie, siempre quiero ir más allá, ya sea con diversos temas que me interesan, con cosas que me pasan o les pasan a los demás, o también en conocer a las personas que me voy encontrando en la vida. Con lo cual queda claro el porqué de mi vocación"

Gunther Emde - Hace unos meses Isabel Pareja entró en El Blog Integral y encontró una gran resonancia con lo que se expresaba en un artículo catártico que escribí hace algún tiempo. Yo visité su blog, Viure amb Consciència y me gustaron la sinceridad y la seriedad con la que Isabel trata temas sobre la infancia, la terapia de integración psico-corporal, experiencias personales, y muchos otros. Así que le propuse entrevistarla, con la finalidad de que compartiera con nuestros lectores sus conocimientos sobre este tipo de terapia, así como acerca de los efectos de la misma en la crianza de sus hijos.

ENTREVISTA

Gunther: Hola Isabel, esta es mi primera pregunta: ¿Qué clase de terapia estás llevando a cabo y desde hace cuánto tiempo?

Isabel: Hola Gunther. Hace cinco años que hago Terapia de Integración Psico-corporal y 3 años que estoy haciendo la formación en esta escuela de terapia en Barcelona. Es un sistema psicoterapéutico cuyos antecedentes históricos se remontan a los planteamientos dinámicos de S. Freud y la visión caracterológica y energética de W. Reich. La Integración Psico-corporal es una nueva psicoterapia fundamentada en el paradigma vanguardista de la biología evolucionista sistémico-ecológica. Se basa en una relación terapéutica humana e implicada, una elaboración cognitiva no-interpretativa, un acceso natural y espontáneo al nivel instintivo-emocional y una búsqueda persistente de la sincronía entre todos los niveles del aparato psico-emocional-somático. Su objetivo es llegar al núcleo de los conflictos (su patrón de organización) y crear allí un nuevo registro positivo que repare el daño biográfico y ayude a transformar e integrar la personalidad del individuo.

G: Tener un hijo suele abrir las puertas a la propia infancia. ¿Te ha resultado complicado sobrellevar la indagación en tu pasado con la crianza de tus hijos? ¿o por el contrario ambas cosas se han potenciado mutuamente?

I: En mi caso, tener a mi hijo mayor hace 11 años hizo que me empezase a cuestionar cosas que antes no me había cuestionado, fue un antes y un después. Se puede decir que mi proceso de indagación personal empezó cuando fui madre y siempre ha estado un motor importante en querer sentirme más, poner más consciencia y ser mejor persona. Desde que tuve a mi primer hijo en brazos, yo quería estar de verdad y minimizar el daño que le podía hacer, ya que siempre he tenido un alto grado de consciencia del que se me hizo a mí cuando era pequeña desde la inconsciencia de los adultos de mi entorno.

Ser madre me llevó a una crisis personal en la que conecté fuertemente con un instinto que no sabía que tenía y que me llevaba a querer dar lo mejor de mí a mi hijo. Con el tiempo fui viendo lo difícil que era, pues ponía consciencia, pero muchas veces lo que tenía integrado dentro de mí (lo que sentía) era algo distinto y me era difícil llevar a cabo aquello que sabía y entendía y quería hacer. En este proceso de integración me ha ayudado enormemente la terapia que sigo desde hace 5 años.

Como complicado mencionaría que lo que sí me ha pasado a veces es que cuando por mi proceso terapéutico entro en temas nucleares míos, hay días en que no puedo estar muy disponible para mis hijos, pero después de esos episodios, salgo siempre con más grado de disponibilidad y menos daño dentro de mí, por lo cual, son baches que llevan a un muy buen destino y cada vez puedo conectar más con ellos y sus necesidades sin esfuerzo ni conflicto por mi parte.

G: En tu blog explicas que para tu segundo hijo decidiste tener un parto natural en casa. ¿Tiene que ver esta decisión con alguna experiencia negativa en el parto de tu primer hijo, o quizás con el hecho de que gracias a la experiencia adquirida y/o a la terapia pudiste abrirte a esa posibilidad?

I: Yo no hacía terapia en esos momentos, empecé a hacer terapia cuando mi hijo pequeño tenía dos años. Como ya he dicho antes, al tener a mi hijo mayor, entré en crisis y empecé a cuestionarme muchas de las cosas que antes daba por sentadas. A partir de ahí, empecé a informarme sobre temas de crianza. Cuando mi hijo mayor tenía pocos meses, me decían que tenía que dormir del tirón, que era malo que lo tuviera en la cama conmigo y que tenía que empezar a darle menos teta y introducirle más otros alimentos. Mi instinto me decía que esto no era así, pero me sentía sola y insegura.

Recuerdo que un día hice una búsqueda en Google sobre el sueño de los bebés, y di con Carlos González, un pediatra muy respetuoso con las necesidades de los niños. A partir de ahí, fue un no parar en mi evolución hacia hacer caso de ese instinto que salía con fuerza. Desde ahí también fui modificando comportamientos y creencias que tenía respecto a lo que es la crianza y la relación con los hijos. Me enteré de los efectos de la anestesia epidural en el niño y de como un entorno hospitalario que no sea muy respetuoso con la madre, puede contribuir a que la madre sienta más miedo, más dolor y acabe siendo un parto más medicalizado. También hablé con muchas madres que habían parido naturalmente y en casa en los foros de Crianzanatural y Criarconelcorazon, y a partir de ahí me sentí con fuerzas y tranquilidad para tener a mi segundo hijo en casa.

G: Siendo ahora más consciente de los patrones familiares, ¿crees que te encuentras en una mejor posición para frenar o evitar la transmisión de patrones negativos a tus hijos?

I: Sí, sin ninguna duda. Si no tienes consciencia de algo, lo vas a repetir infinitamente. Poner consciencia es el primer paso, aunque luego también hay que hacer un trabajo de estar y sentir el daño que llevamos dentro, de poder sacar la carga emocional, y también recibir algo diferente del entorno (a través del terapeuta u otras personas que, cuando tú vas transformándote, ya no reflejaran esos patrones familiares y te podrán hacer llegar algo diferente, etc).

Porque si no, aunque tengas consciencia, en ciertos momentos, puedes reaccionar delante de tus hijos con una carga emocional que no se corresponde con lo que está pasando, sino que viene del daño que los padres llevamos dentro desde nuestra propia infancia. A mí me pasaba, que antes de hacer terapia, había cosas de las que ya era consciente, pero luego, reaccionaba mal ante ciertas situaciones, y luego he sabido que era porque lo que sabía a nivel de consciencia no lo tenía integrado a otros niveles.

G: ¿Es posible curar las heridas que como padres o madres provocamos a nuestros hijos? Si cuando nuestro hijo cumple 11 años nos damos cuenta -porque somos más conscientes- de que cuando tuvo 3 ó 4 cometimos un error, ¿de qué forma podemos subsanar eso?

I: Cuando ya hemos hecho daño, lo mejor es reconocerlo claramente delante de nuestros hijos y, de una forma sentida de verdad, hacerles llegar que lo sentimos mucho y que si fuera ahora, eso no lo haríamos, porque ahora tenemos más consciencia y un mayor nivel de sentir. Eso es en el caso de errores puntuales, pero lo que generalmente pasa es que hay temas de fondo que se van repitiendo en todas las edades y ahí sí se puede ir subsanando.

Es decir, si el problema de fondo es de falta de presencia y escucha, por ejemplo, eso ha estado ahí desde siempre. Si la madre y/o el padre se trabaja ese tema suyo, o por su proceso, puede estar más presente y tener una escucha más disponible para su hijo. Entonces el hijo va a poder ir reparando ese tema en concreto al sentir a sus padres con más presencia y que le escuchan más. Lo que no tuvo con anterioridad, no lo tuvo en su momento, pero a partir del momento en que los padres están ahí, el hijo puede ir recogiendo cosas en ese sentido que van a hacer que su carencia no sea ya la misma, o al menos, no con la misma intensidad.

G: En numerosas ocasiones, cuando el padre o la madre se hacen más conscientes (por seguir una terapia, por una experiencia personal, o bien de forma espontánea), se produce la ruptura de la relación. Es como si los caminos divergieran, o como si la velocidad de maduración en uno y en otro fueran diferentes, y por tanto la relación se vuelve más y más difícil. ¿No es un precio muy alto para los hijos? ¿No tienes la sensación, Isabel, de que por más que lo intentemos, los papás y mamás simplemente no podemos evitar el sufrimiento a nuestros hijos? ¿Se ha de educar para evitar el sufrimiento, o bien educar es ayudar a desarrollar herramientas para que los hijos aprendan a gestionar los inevitables desengaños de la vida?

I: Si la ruptura de una relación se produce porque los padres escogen diferentes caminos en la vida y porque llegan a un punto en que su nivel de consciencia y sus intereses son muy diferentes, a mí no parece un problema. ¿Sería mejor para las hijos hacer ver que no pasa nada, aguantar o tener conflictos permanentemente? No lo creo.

Para unos niños que sus padres se separen es algo muy dificil, pero en este caso, es darles verdad y realidad. Eso sí, hay que tener en cuenta que van a pasar miedos e inseguridades varias y que los padres ahí sí que tienen que intentar estar a la una para dar respuestas a sus hijos que les puedan tranquilizar. Si es así, sufrirán, sí, pero sufrirán acompañados por sus padres. Si los padres sienten realmente su responsabilidad como padres y siguen estando ahí cada uno de verdad, no supondrá un gran trauma. Los traumas se producen cuando se deja a los niños solos, se los ignora o encima se los agrede.

Los padres podemos evitar pasar nuestro propio sufrimiento a nuestros hijos, pero todo lo demás no lo podemos evitar. Lo que sí podemos hacer es estar ahí, para que cuando nuestros hijos sufran sepan que no están solos y que les vamos a apoyar y ayudar en todo lo que podamos. El hecho de no pasarles nuestros propios traumas y estar ahí, los va a hacer más fuertes para enfrentarse a posibles situaciones problemáticas. No es lo mismo que a un niño al que insultan o pegan en casa, le insulten o le peguen en el patio, que a un niño a quien nunca se lo han hecho en casa. El niño al que nunca han pegado, difícilmente se va a quedar ahí ni a hacer de víctima ni de verdugo, porque tiene integrado su derecho a que le traten bien. En el caso del niño a quien ya se le ha hecho en casa, ese hecho va a tocar una herida que ya tiene y desde ahí va a ver una reacción ya condicionada por ello.

G: Todo esto es sumamente interesante, Isabel. Entonces, ¿tú has notado cambios en tu relación con tus hijos que puedas atribuir directamente a tu proceso terapéutico? No sé, quizás en la forma de apreciarlos, en la cantidad o calidad del contacto físico, en un incremento de la paciencia, o en saberse poner en su lugar, por ejemplo.

I: He notado muchos cambios en la cantidad de contacto físico, y siento mucha más disponibilidad desde que he derribado barreras propias que tenía desde mi infancia. También siento que cuando estoy con ellos, estoy más disponible generalmente, más cercana y puedo conectar con ellos con más facilidad. Lo de saberse poner en su lugar es lo que más se nota, porque cuando te ves a ti misma, con todos tus problemas, con todas tus carencias, en cómo cuando eras pequeña los temas se magnificaban, en suma cuando te sientes como la niña que eras, inevitablemente puedes entenderlos, sentirlos y verlos mucho más.

Y un tema muy importante, que es el de ir viendo cómo tropiezas y lo vas remediando cada vez con más rapidez, para que eso no se convierta en un trauma importante para ellos. Y darles verdad, también. Como me siento mucho más, pues hay días que no estoy muy disponible y se lo digo claramente, no hay ningún intento de culparles a ellos por necesitar demasiado, no. Es muy diferente, lo que ellos necesitan está bien y tienen todo el derecho, pero soy yo la que tengo mis límites. Y creo que eso les hace crecer y estar en la realidad, como he dicho antes. La vida también supone poder estar con la frustración de vez en cuando y los límites les ayudan a crecer y estructurarse. Que, de vez en cuando, su madre o quien sea les frustre (no expresamente, sino porque no es posible) sin cargárselos, también es bueno para ellos.

G: ¿Crees que el proceso terapéutico tiene fin? ¿O por el contrario es limitado, y uno entonces ha de aprender a convivir con sus heridas?

I: El proceso terapéutico llega hasta donde uno quiera. Puede ser limitado, igual hay alguien que llega a un momento de su proceso en que considera que se puede quedar ahí, que se siente bien y su vida le parece satisfactoria, por poner un ejemplo, y decide parar ahí. Si esta persona tiene consciencia de sus heridas y puede minimizar desde ahí como esas heridas condicionan sus vivencias, pues igual puede convivir con ellas. Yo no estoy ahí, mi proceso no ha acabado y, de momento, no le veo fín.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

FELICITATS UNA ENTREVISTA PRECIOSA, I SINCERA AVUI HE APRES UNA MICA MES DE TU,
Si tens mes paraules, articles, videos de com ser una mica millor em els nostres fills
GRACIES

Isabel Pareja ha dit...

Gràcies! Vaig posant cosetes al bloc, de totes maneres, t'aconsello pàgines com criarconelcorazon o crianzanatural, pediatres com Carlos González i també propostes d'indagació personal com les d'Alice Miller i, més recentment, Laura Gutman.