dimarts, 16 de juliol de 2013

Elversdorf i les nostres barreres

Us poso enllaç a un article que he escrit per a El Blog Integral:

Elversdorf i les nostres barreres





Estas imágenes del pueblo de Elversdorf se obtuvieron durante las últimas inundaciones ocurridas en junio en Alemania y otras zonas de Europa. Cuando vi esta imagen, supongo que es deformación profesional, me vino immediatamente qué bien montada estaba esa defensa y como los humanos hacemos eso precisamente para salir adelante,.

Este pueblo se defendió del hecho puntual de una inundación, construyó una buena defensa y se preservó y eso es de admirar y una muy buena estrategia. Entonces me vi a mi misma y a mis conocidos como Elversdorfs humanos, nosotros también construimos barreras varias ante la adversidad que nos permitieron sobrevivir. Estuve tirando del hilo de esa comparación un ratito y la cosa empezó a perder la gracia, porque ese pueblo no siguió con esa barrera de sacos de arena a su alrededor eternamente, no, cuando la inundación acabó y el agua bajó, la barrera se quitó de en medio. El pueblo ahora vuelve a estar comunicado con el exterior sin barreras y esta es la diferencia principal con los Elverdorfs humanos.

Me explico. Cuando somos niños nos van pasando cosas que no podemos asimilar, tenemos miedo, sentimos carencia, nos sentimos atacados, sentimos que se nos hace daño desde el exterior y construimos defensas para salir adelante y sobrevivir lo mejor que podemos en nuestro entorno. Eso también es de admirar y es una muy buena estrategia, hasta aquí como el pueblo de Eldersdorf. Pero el drama humano es que vamos creciendo y esas defensas se quedan ahí, se monta una estructura defensiva "cerrada", un circuito del que no salimos, porque tenemos integrado dentro nuestro que es lo que nos ha salvado y tampoco tenemos referencias de que otras estrategias u otra manera de estar en el mundo sean posibles, porque en su momento escogimos unas y descartamos otras y nos sentimos "cómodos" dentro de esa estructura que construimos.

Entonces, lo que en su momento nos salvó y preservó se convierte en una cárcel. Igual que pusimos una barrera para no sentir el dolor también la tenemos cuando queremos sentir el placer, igual que pusimos una barrera para no acabar de sentir el miedo, también la tenemos cuando queremos sentir la tranquilidad, etc, etc. Nuestro entorno cambia, nos convertimos en adultos que podríamos contar con otras estrategias, pero resulta que el montaje defensivo está más o menos cerrado ya y no podemos abrirnos a la vida con todo lo que significa, seguimos defendiéndonos cuando ya no hay peligro. Es como que Elversdorf se quedara para siempre jamás incomunicado del exterior, pendiente del peligro de la inundación cuando la inundación ya no existe, con los sacos de arena permanentemente tapando el horizonte y obstaculizando el flujo de entrada y salida del pueblo.

Como todos sabemos los niños son esponjas, esos primeros años hay un desarrollo con una capacidad de aprendizaje bestial que cuando crecemos se ralentiza enormemente. Nuestras defensas fueron construídas de pequeños y eso está ahí grabado a fuego, nos identificamos con esa estructura defensiva final y ahí está el trabajo luego: conocerlas, saber porqué las construimos, de qué nos defendíamos, qué pasaría si no las utilizáramos en el presente y contemplar la posibilidad de empezar a vivir desde lo que sentimos de verdad, desde el cuerpo, abiertos a la vida con todo lo bueno que tiene y que no nos dejamos acabar de disfrutar desde la defensa. Podríamos ser como Edelsforf: sin sacos de arena cuando ya no hay peligro de inundación. Si la inundación vuelve de nuevo, ya pondremos los sacos otra vez, que las estrategias defensivas que nos han salvado, no se olvidan.
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