diumenge, 10 de novembre de 2013

Laura Gutman

Una de les persones més importants en el món de la criança respectuosa i que a mi, en el seu moment, em va ajudar molt, no només a poder veure més el meu primer fill, sinó a veure'm a mi mateixa com a nena petita. El que em passava quan era una nena realment cap adult ho va posar en paraules. El que posaven en paraules sobre mi no tenia res a veure amb el que em passava realment (des de les seves dificultats i la seva inconsciència interpretaven la meva realitat i no hi havia un interès veritable en saber què em passava). Tenir això clar a nivell de consciència ja em va ajudar moltíssim a no fer el mateix amb els meus fills i és un procés en el qual he continuat aprofundint a la meva teràpia.

Una altra bruixa bona

Us deixo dos tastets: un video amb la primera part d'una xerrada que va fer sobre El poder del discurso materno (la resta de la xerrada és pot trobar a youtube) i un article sobre com els adults podem acabar utilitzant els nostres propis fills per satisfer les nostres necessitas infantils no satisfetes, que la majoria de vegades no sabem ni quines són. Aquí ajuda molt un procés d'indagació personal important i de connexió amb el que sentim, amb les nostres necessitats instintives i poder anar rebent quelcom en algun altre lloc (terapeutes, amics a qui els surti espontàniament, etc) i també fer un procés de sentir la pèrdua del que no es va tenir. Només així es pot acabar deixant els nostres fills tranquils, respectar-los amb les seves necessitats i donar-los alguna cosa nosaltres com a adults a ells, en comptes de demanar que ens donguin.

Si féu una recerca per internet trobareu molta informació sobre la Laura Gutman referent als seus llibres i el seu treball que toca temes com l'embaràs, el part, el puerperi, la lactància, el vincle afectiu, l'educació infantil, la relació de parella, la connexió amb la pròpia història biogràfica i la nostra ombra, etc.

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Abuso materno: el niño como fruto codiciado   


Si no hemos sido suficientemente amados ni nutridos por nuestra madre…creceremos con la esperanza permanente de que alguien nos alimente. A medida que vamos encarando relaciones personales durante la juventud o adultez, funcionarán siempre y cuando el otro satisfaga nuestras necesidades infantiles no satisfechas en el pasado, valga la redundancia. Por ejemplo, me enamoré de Fulano porque me daba seguridad. Me gustó Mengana porque yo era lo más importante en su vida. Esta ilusión, basada en  que el otro se va a convertir en una Madre Dadora, suele ser el pulso básico en la mayoría de las relaciones afectivas.

¿Por qué? Porque todos nosotros provenimos de lamentables infancias de carencias diversas.La cosa se complica cuando nace un niño. Si a ese niño le ha tocado una madre como cualquiera de nosotras, es decir, alguien que necesita alimentarse de amor y que padece hambre emocional, ese niño será el bocado perfecto. La criatura aparece cuando las demás personas (pareja, amigos/as, familiares) ya no están dispuestos a seguir respondiendo a nuestras demandas insaciables. Se van. Trabajan. Hacen su vida. ¿De quien podemos nutrirnos entonces? De nuestro/a hijo/a, claro. El niño no puede escapar. ¿a dónde va a ir?. Si las madres precisamos que nuestro hijo nos mire, nos admire, nos dé la razón, nos cuide, nos proteja, nos justifique, nos comprenda y nos haga sentir orgullosas…la criatura, por supuesto, lo hará. Ya que no hay nada más importante en la vida de un niño pequeño, que su madre.


Este es el mayor drama, a mi juicio. El niño -que debería llegar al mundo para ser protegido y amparado por nosotras, sus madres- apenas sea capaz, se verá obligado a proteger nuestros aspectos más infantiles. ¿Cómo lo sabemos? Evoquemos nuestras infancias. Es muy probable que recordemos con lujo de detalles los anhelos de mamá, las preocupaciones de mamá, las quejas de mamá, los sueños inalcanzables de mamá. ¿qué recordamos de nosotros mismos? Casi nada. O aquello que mamá ha dicho respecto a nuestras conductas. Si mamá sufría, si mamá no tenía plata, si papá le pegaba, si a mamá la engañaban, si a mamá la habían criado las monjas, si la abuela paterna era una bruja, si papá no la dejaba trabajar; o bien, si mamá tenía que trabajar mucho, si nunca tenía tiempo para nosotros, si se sacrificaba, si viajaba, si su vida era muy dura, si había tenido un aborto, si sufría depresiones, si estaba enferma….quedaba establecido que nosotros teníamos que apoyarla. ¿Cuál era el problema? Que hemos crecido en un ámbito en el cual no pudimos desplegar nuestros propios deseos, porque los de mamá inundaron todo el espacio disponible.


Este panorama, suele ser similar tanto si se trata de hijos varones como de hijas mujeres. Estamos hablando de abuso emocional materno. El abuso materno suele ser invisible y confuso. Es preciso reconocer si hemos sido succionados por nuestra madre, para comprender los niveles de desvitalización, sometimiento, falta de vocación o distancia respecto a nuestras potencialidades. Y para registrar la dimensión de nuestro hambre emocional y saber si estamos devorando a un otro.
Laura Gutman.